Diario de Cuba: El doble rasero de Correa

Mientras reclama a Assange en nombre de la libertad de expresión, el presidente ecuatoriano acosa a los medios y amenaza con deportar a un ciudadano bielorruso a su país, donde existe la pena de muerte.

En su pulso con Gran Bretaña a propósito del asilo otorgado al fundador de WikiLeaks en la embajada ecuatoriana en Londres, el presidente Rafael Correa no ha conseguido el apoyo incondicional que esperaba de los Gobiernos de América Latina. Es una buena noticia: había motivos para temer que, por pereza más que por convicción, el continente cayera en la tentación de condenar la supuesta amenaza de las autoridades británicas de entrar por la fuerza en la misión ecuatoriana para detener a Julian Assange y extraditarlo a Suecia. Esa es la versión de Quito, que Londres niega.

Con la Organización de los Estados Americanos (OEA), que se reunió el viernes en Washington para tratar el diferendo entre Londres y Quito, Ecuador no logró repetir el éxito obtenido unos días antes en otros dos foros continentales. Como era de esperarse, la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) dio un respaldo sin fisuras al Gobierno de Correa. Lo hizo también la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), pese a las diferencias ideológicas entre Quito y los Gobiernos de derecha, como Chile o Colombia, que pertenecen a esa organización. Ambos foros manifestaron su solidaridad a Ecuador “ante la amenaza de violación del local de su misión diplomática” en Londres. En cambio, el canciller ecuatoriano, Ricardo Patiño, no consiguió que la palabra “amenaza” figurara en la resolución consensuada en la reunión de la OEA. Tuvo que conformarse con una declaración sobre “la inviolabilidad de las sedes diplomáticas” y la renuncia “al uso de la fuerza para dirimir los conflictos”. Obviedades.

El fracaso de Ecuador en la OEA no se debe sólo al trabajo realizado por Estados Unidos, Canadá y los estados anglófonos del Caribe, que no comparten las estridencias bolivarianas y argentinas. También varios cancilleres latinoamericanos han contribuido a bajar la temperatura del debate con un llamamiento a una negociación bilateral entre Londres y Quito para resolver el diferendo sobre el caso Assange. Ecuador exige que Gran Bretaña entregue un salvoconducto al ciberactivista australiano y renuncie a extraditarlo a Suecia, donde debe enfrentar dos denuncias de delitos sexuales.

La diplomacia parece imponerse para buscar una solución al encierro del hombre que divulgó cientos de miles de documentos secretos del Gobierno estadounidense. En cambio, las redes sociales siguen con su tono belicoso y su campaña de denuncia sistemática de los medios y columnistas —todos “vendidos al imperio”— que se atreven a criticar a los héroes del momento, Correa y Assange, además de al ex juez Baltasar Garzón, parte del equipo de defensa del australiano. Los espacios reservados a los comentarios de los lectores están invadidos por sandeces e insultos, donde no faltan las alusiones antisemitas. “Suecia, Australia y el Reino Unido son puppets de los Yankis y judíos. No respetan las leyes internacionales y menos las van a respetar tratándose de Assange que rebelo (sic) las suciedades de los Yankis”, escribe socrates1945 en El País.

A Suecia, que fue en otra época el gran aliado de la izquierda latinoamericana, se le acusa de jugar sucio y de prestarse a una supuesta maniobra de Washington para atrapar a Assange y mandarlo a EE UU, donde podrían condenarlo a muerte por espionaje y violaciones de secretos oficiales. Ante semejante avalancha de descalificaciones y acusaciones sin fundamento, muy pocos se atreven a plantar cara en las redes sociales. Sin embargo, unos pocos han buceado en los archivos para recordar que Fidel Castro, admirador declarado de Assange —”moralmente ha puesto de rodillas al imperio”—, tiene un largo historial en materia de violación de la inmunidad diplomática. Mandó a sus tropas especiales en dos oportunidades, 1961 y 1981, para sacar a balazos a varios cubanos que habían solicitado el asilo en la embajada de… Ecuador en La Habana.

Castro siempre ha hecho lo contrario de lo que predica, y sus discípulos también. Rafael Correa, por ejemplo, es un maestro del doble rasero. Acoge a Assange en nombre de la defensa de la libertad de expresión pero, al mismo tiempo, acosa a los medios ecuatorianos que lo critican. Y, peor aún, quiere devolver a su país de origen a un ciudadano bielorruso que había conseguido el asilo político en Ecuador en 2010. Se trata de Alexandre Barankov, un ex policía especializado en la persecución de delitos económicos, que huyó de Bielorrusia después de descubrir una red de corrupción donde estarían implicados altos mandos del Ejército y personalidades cercanas al presidente Alexandre Lukashenko. Correa recibió en junio a su amigo Lukashenko, que vende armas a los países del eje bolivariano. Poco después de esa visita, Barankov fue detenido y podría ser extraditado a su país, donde lo quieren juzgar por alta traición y divulgación de secretos de Estado. Eso sí va en serio. Bielorrusia no es Gran Bretaña o Suecia. Es la última dictadura europea, y la pena de muerte sigue vigente.

~ by Rafael Martel on August 26, 2012.

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