Tres poemas de “Cuando se acaban los pueblos”

Poema sin nombre

A Eglys Santos

En las casas pobres nunca es tarde para morir,
se siente la muerte en una brisa
que llega y vuelve por las ventanas.
Se dejan tantos lugares por visitar,
cosas que quedan como un gesto incompleto;
venas cortadas o ese instante de la última voluntad.
Las calles no cesan de gritar.
La muerte no es precisamente un escape
pero tampoco un recuento de logros.
Y se discute la noche, se sellan
cuentas en voz baja.
Algunos citan expresiones muertas.
Cuelgan bombillos, fotografías con un tono artificial,
libros abiertos en la mitad de la inconsecuencia.
Morir es una responsabilidad llena de preguntas
y el cielo un alcance repetido desde la niñez.
Las casas disfrazadas en porcelanas o ruidosas cortinas
ocultando la intrascendencia de los ojos más fríos.
Vajillas que se estrenaron el día del visitante
y algo que quedó por decir,
algo de tal magnitud
que se estiró hasta el desvelo.
La muerte tiene llamas en los ojos
y un grupo de nombres para no quemarse sola.

A Jorge Vals Arango

“No me duelen
los dientes de los hombres: más triunfante
muestra el alma su luz por la hendidura”.

José Martí

¿Cómo, os preguntáis,
ansiosos en la daga que él ignora
filtraremos sus mil libros,
su mano
al elevarse en el duelo
de las cruces que lo alzan?

¿Cómo entonces, su seguro caminar
cuando después de los abismos:
la corona del poema,
el pasaporte de las almas que lo aman,
en su diestra de alcanfor
como una mañana victoriosa
silencioso sostiene?

Es libre, os aseguro.
Calza los horizontes de la geografía.
Dibuja antgiguas risas en la sangre.
Ha traspasado el hierro de las rejas.
Con agua de sol ha despeinado el odio
que circula,
y más
de lo que no dice,
porque pasando todas las pruebas
se retiene de ofender.

New York City ,1987.


Photo from cubanexilequarter.blogspot.com.
Jorge Vals Arango, filósofo, poeta y escritor del que mucho aprendí. Lo conocí en 1986. Vivía en el apartamento del alto Manhattan de Tony Pons, mi admirado Tony Pons. Los fuimos a buscar mi amigo Rogelio Suárez y yo para traerlo a la tertulia literaria “Musa Traviesa”, fundada por la Dra. Jiménez; nuestra gran profesora de literatura en el entonces Jersey City State College. Vals lleva consigo una cultura arrasante que nos arrasó a nosotros como lo ha hecho con tantos cubanos. Lo que más me sorprendió de él fue su inmensurable humanidad, su tangible cristianismo. Jorge andaba con unas libreta de direcciones y constantemente trataba de enlazar a los que conocía con los que tenía ya en su libreta. Su cultura, su intelecto es tan grande como su alma. Podía tocar notas de Liszt en una mesa de un café, como lo hizo en el café Arcadia de Guttenberg, como recitar pasajes de la biblia o las sentencias de Nietzche o los versos de Ovidio o el Fausto de Goethe y detallar con minucias como se escribió. Repito, su sabiduría es vasta y penetrante. Así en aquellos años ochenta, cuando teníamos apenas 24 años, Vals nos influenció, como a todos los que le conocieron.

En sus largos 20 años de prisión política su comportamiento fue estoico, como me relató muchas veces su compañero de celda Tony Pons. Pons me contó en muchas ocasiones como Jorge Vals no colaboraba con los esbirros castristas quienes le golpeaban sin piedad con el lado de un machete. Me contó Tony Pons que Vals recibía aquellos salvajes golpes con un estoicismo socrático o más aún heroico. Durante sus veinte años de prisión impartió clases de filosofía en la prisión bajo infrahumanas circunstancias. Lucha por la democracia en Cuba hasta nuestros días. Y si le repites algunas de estas anécdotas a Jorge Vals te dice en la cara que Tony Pons estaba exagerando. Cuando lo llegué a conocer y me introdujo en su mundo ecuménico y cristiano, le escribí este poema. En el 2012 tuve la oportunidad de invitar a Vals a Union City High School para ofrecer una conferencia a los jóvenes estudiantes. Todos terminaron fascinados con el poeta. Todos, maestros, vive principales y alumnos. En 1987 le escribí el poema que incluí en “Cuando se acaban los pueblos” (1992). ¡Qué Dios Bendiga a Jorge Vals Siempre!

Querida

Querida, disfrázate de una música fácil.
Vístete con una mueca que se ajuste a los domingos,
cuando ames
cierra las ventanas.
Después las huellas marcarán el asfalto, el instante en que de cálamo se beben los besos.
Después que la noche te arrojó extraña,
oh después,
ponte los vestidos.
Desde los gestos o la lluvia
quién puede soportar.
Algo y soledad es suficiente.
Transcurrir en la humedad y el vacío de los labios.
Desprenderse en un adiós
hacia el movimiento de los puertos,
cuando la luna nos tema.
Tállame la sed hasta el naufragio.
Después
vístete de humo o corcel.
Todos estarán vigilando.

II

Todos estarán vigilando.
Vístete de humo o corcel.
Después
tállame la sed hasta el naufragio.
Cuando la luna nos tema
hacia el movimiento de los puertos,
desprenderse en un adiós,
transcurrir en la humedad y el vacío de los labios.
Algo y soledad es suficiente.
Quién puede soportar
desde los gestos o la lluvia.
Ponte los vestidos.
Oh después,
después que la noche te arrojó extraña
se beben los besos:
el instante en que de cálamo
las huellas marcarán el asfalto.
Cierra las ventanas.
Cuando ames
vístete con una mueca que se ajuste a los domingos.
Querida: disfrázate de una música fácil.

Foto: José Hernández
“Cuando se acaban los pueblos” Copyright 1992 Rafael Román Martel

~ by Rafael Martel on June 27, 2013.

2 Responses to “Tres poemas de “Cuando se acaban los pueblos””

  1. Este texto, estos poemas causan una gran emoción.

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