A 19 años de la masacre del Remolcador 13 de Marzo

Viernes, Julio 12, 2013 | Por Julio Cesar Álvarez


Disidentes rinden homenaje en Cuba a víctimas del remolcador “13 de Marzo”

LA HABANA, Cuba, julio, http://www.cubanet.org – El hundimiento del remolcador 13 de Marzo, en la madrugada del 13 de julio de 1994, con más de 70 personas a bordo, ordenado por la dictadura que nos gobierna, no aparece en las efemérides oficiales de la nación.

Es un tema tabú. Ha sido borrado de la historia oficial para que no se recuerde la infamia, pero es importante recordar que se cumplen 19 años de una horrenda masacre que aún permanece impune y que quienes ordenaron que se perpetrara aun permanecen en el poder, y hoy tratan de pasar el cetro a sus elegidos para “jubilarse o morir tranquilamente”.

Muchas veces se ha escrito sobre aquel asesinato, y otras tantas se ha leído con horror. Cuentan los sobrevivientes que ellos lograron cruzar el Morro y evadir la persecución siete millas mar afuera. Allí, sus captores rodearon el remolcador en el que huían, y los ultimaron con sus proas y sus chorros de agua.

Algún día, sin la represión del gobierno como barrera, el pueblo cubano llegará hasta el malecón habanero y recordará con flores a aquellos 41 niños, mujeres, y hombres asesinados en el mar en el horrendo verano de 1994.

Así solíamos recordar en la escuela primaria a un famoso guerrillero. Aunque no comprendíamos por qué, caminábamos tras los maestros hasta el tramo más cercano de costa para florear las aguas en honor a un comandante rebelde desaparecido en un punto incierto del litoral.

Los maestros nos contaban que a este rebelde lo buscaron por aire, mar y tierra durante muchos días, aun cuando no se conocía el lugar donde se había precipitado su avioneta.

A pesar de que las autoridades conocían desde un inicio el lugar exacto donde, a golpe de envestidas, el fanatismo y la intolerancia habían hundido el barco en el que huían de la tiranía 72 cubanos, los huesos de aquellos 41 hombres, mujeres y niños asesinados aún permanecen abandonados en el fondo del mar.

A los familiares de las víctimas se les negó enterrar a sus muertos. Flaca excusa aquella de que el gobierno no contaba con buzos especializados para rescatarlos. Quizás lo que temía el gobierno era un entierro espontáneo y multitudinario, en el que el llanto de un pueblo haría temblar la injusticia.

Fidel Castro justificó el asesinato en un discurso: “El comportamiento de los obreros fue ejemplar, no se puede decir que no, porque trataron que no les robaran su barco. ¿Qué le vamos a decir ahora, dejen que les roben los barcos, sus medios de trabajo? ¿Qué vamos a hacer con esos trabajadores que no querían que les robaran su barco, que hicieron un esfuerzo verdaderamente patriótico, pudiéramos decir, para que no les robaran el barco? ¿Qué les vamos a decir?”.

Esas palabras exculparon a los asesinos, y les negaron a los familiares de las víctimas el derecho a la justicia. Toda futura investigación quedaba prohibida. Ninguna acusación de los familiares encontraría oídos en los cómplices juzgados de la nación.

Pero como mismo dijera en su momento el propio Fidel Castro, “siempre habrá tiempo en la historia para exigirle las responsabilidades que les correspondan a cada cual”.

Mientras tanto, las almas de las víctimas emergen a diario y vagan por el litoral habanero, y ruegan porque un día puedan al fin descansar en tierra firme en un osario con flores y un epitafio.

~ by Rafael Martel on July 12, 2013.

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