Orantes: el US Open clandestino

Por Fernando Carreño (2010)

Manuel Orantes ha tenido mala suerte. Sí, es cierto que ha sido y es ‘Supermanuel’ como Manuel Santana. Es cierto que su nombre ha trascendido de los aficionados al tenis al gran público. Es cierto que allá donde aparece cosecha una muestra tras otra de cariño y admiración, recogiendo lo sembrado a lo largo de una carrera en la que fue un ejemplo de deportividad y saber estar. Pero no es menos cierto que su único triunfo en el Grand Slam ha sido el más clandestino del tenis español. En septiembre de 1975, hace 35 años, Manuel Orantes ganó el US Open. Y lo ganó con una brillantez tremenda, haciendo frente a un cuadro durísimo y después de mil peripecias. No está de más recordarlas.

Cuando Manuel Orantes habla de aquel US Open siempre ríe de buena gana al señalar que “mucha gente que fue a la final se sorprendió porque no esperaba verme a mí en la pista. Mi partido de semifinales ante Vilas se había suspendido por la lluvia en varias ocasiones y mucha gente se fue de la pista cuando Guillermo me iba ganando por dos sets a uno y en el tercero me ganaba 5-0 y 40-15. Pero el caso es que remonté y le gané. Y como acabó muy tarde, casi de madrugada, mucha gente no se enteró”. Y entre esa gente no pocos medios de comunicación. Radios y televisiones hubo que anunciaron que la final la disputarían Connors y Vilas. Y el comentarista televisivo de la final en algunas ocasiones nombró a Guillermo, y no a Manuel.

Manuel Orantes llegó a aquel US Open entre los favoritos, es cierto, pero también iniciando la recta final de una temporada en la que no todo fue fácil. De hecho, la comenzó con retraso porque a principios de la misma siguió un tratamiento de dos meses con el doctor Bestit -omnipresente durante muchos años en nuestro deporte- para corregir la lesión congénita en la columna vertebral que siempre le acompañó. El tratamiento le fue bien, pues jugó un gran Roland Garros, aunque con final agridulce: llegó a la final, pero la perdió ante Borg tras llevar dos sets de ventaja.

En el verano, en gran forma, venció en Toronto e Indianápolis y por tanto llegó entre los favoritos al US Open, pero le tocó un cuadro muy duro. En aquellos tiempos se jugaba una ronda menos, y los primeros partidos eran al mejor de tres sets. Manuel empezó venciendo al sudafricano Mitton (6-3 6-2) y al alemán Pohmann (6-2, 3-6, 6-1). En octavos de final pudo con el galo Jauffret (6-4, 3-6, 6-3, 6-3) para abordar luego la primera gran muralla: Nastase. El choque ante el genial e histriónico Ilie fue uno de los que cimentó su fama de caballero de la cancha: en el cuarto set, una bola del rumano fue cantada como mala por el juez. Éste montó en cólera y se enfrento al ‘umpire’ de mil vociferantes maneras mientras las cámaras de televisión repetían el punto una y otra vez. Al final las cosas volvieron a su cauce, la bola se puso de nuevo en juego… y Manuel la echó voluntariamente fuera en su primer golpe: “también había visto que la bola era buena”, dijo. Deportividad admirable, pensarán ¿no? Pues reparen, además, en que la bola era punto de partido para Orantes. Ganó Manuel, por 6-2, 6-4, 3-6 y 6-3. Luego llegó aquel partido ante Vilas y la increíble remontada del español, para ganar por 4-6, 1-6, 6-2, 7-5 y 6-4 y la final ante Connors, número uno del mundo, jugando en casa y en el culmen de su popularidad.

Y nadie creía que Manuel Orantes pudiera doblegar a Connors, por mucho que aquel US Open se jugara sobre una pista de tierra batida verde, llamada ‘har-thru’ que según los estadounidenses era la pista perfecta, pues combinaba las cualidades de todas. Sobre esa pista Manuel jugó quizá el mejor partido de su vida, como él mismo ha reconocido a veces, y venció a Connors por 6-4, 6-3 y 6-3. ‘Jimbo’ salió dispuesto a aplastar a su rival a base de velocidad. Manolo le frenó con bolas bajas y blandas, que le dejaban indefenso en la red, listo para ser masacrado con ‘passings’ y globos. ‘Jimbo’ perdió la confianza y se pasó todo el partido mirando a su entrenador, Pancho Segura, a Chris Evert, su novia por entonces, y a Nastase, mientras los españoles y latinos presentes en las gradas animaban a Manolo hasta el delirio y el público estadounidense iba rindiéndose a la evidencia. Al final Connors reconoció que “no creí que pudiera perder, pero así ha sido. Orantes ha jugado un gran partido”. Se llevó 25.000 dólares y un Ford Pinto. Los estadounidenses cambiaron la superficie del US Open poco después. Según Manuel, temían que los europeos y sudamericanos se hicieran con la supremacía.

¿Excepcional? Pues reparen, de nuevo, en que Manuel jugó ese encuentro casi sin dormir, porque además de haber acabado en la medianoche el partido ante Connors -y por los azares de las lluvias disputarse ese año las semifinales masculinas el dia anterior de la final-, cuando llegó a su hotel se encontró con una noche toledana provocada por una molesta avería en el cuarto de baño de su habitación. Al final no se pudo ir a la cama hasta las tres de la mañana.

Una gran victoria, que sin embargo ha quedado siempre un poco en segundo plano cuando se habla de los grandes éxitos del tenis español. El US Open no tiene los tintes míticos que para nosotros presentan Roland Garros ni Wimbledon, ni el exotismo del Open de Australia. Se consiguió, además, en un periodo en el que tenis español estaba ya viviendo, aunque apenas se notaba, los inicios de lo que sería una larguísima travesía del desierto (hasta 1989 no se logró otro Grand Slam) y en un periodo de tremenda efervescencia social. En Estados Unidos, Martina Navratilova pedía asilo político el mismo día que ganaba Orantes, lo que era un cierto ‘triunfo’ en la Guerra Fría tras haber tenido que salir huyendo cuatro meses antes de Vietnam (sí, estoy siendo irónico). En España los meses de septiembre a noviembre de 1975 se vivieron entre fusilamientos, boicots, funerales y coronaciones y fue en ese periodo, en el que todo el mundo pensaba en otras cosas, cuando Manuel Orantes consiguió uno de los más grandes éxitos de nuestro deporte, ya ven. Tres telegramas de felicitación recibió el día de su triunfo.

Finalmente, recordar que Manuel Orantes fue uno de aquellos grandes de nuestro deporte que nacían por generación espontánea. Cuando ahora, en el siglo XXI, se habla de la inmigración y de su aportación, no está de más recordar que este barcelonés universal que es Manuel Orantes es un hijo de la inmigración. Nació en Granada, en 1949, y a los dos años llegó a Barcelona con su familia buscando una vida mejor alojándose en el barrio (“el monte”, lo llamaba él, de El Carmel). A los nueve años dejó la escuela para ser recogepelotas como ‘el otro’ Supermanuel, Santana, y el resto ya lo conocemos. La diferencia entre la Granada rural y la Barcelona urbana de 1951 era comparable a la que puede existir hoy en día entre cualquier país europeo y otro tercermundista y no me vengan con que si ellos venían de España y no ‘del extranjero’ porque a los recién llegados, sobre todo si son pobres, nunca se les ha visto demasiado bien (les recomiendo que vean ‘Surcos’, una película española de 1951, precisamente, sobre la inmigración y sus problemas. Les sorprenderá su actualidad). Ahora nadie duda de que Orantes sea barcelonés ni catalán ejemplar.

Por que eso, sobre todo, es lo que representa Manuel Orantes: una persona ejemplar y un caballero de la cancha. Creo que no está de más recordar su gran momento de triunfo.

* Reproducimos esta magnífico artículo de Carreño publicado en 30 de agosto del 2010 en el blog Marca.com. Para los que seguíamos la carrera de Orantes desde España y no sólo admirábamos su elegante tenis sino su caballerosidad como deportista aquella final es inolvidable. Y la semifinal contra a Guillermo Vilas épica. No fue hasta el 2012 que Orantes pasó a ser un miembro del Hall de la Fama del Tenis. Un gran orgullo de España escasamente reconocido por los españoles por razones incomprensibles pues fue él junto a Manuel Santana los primeros españoles que inspiraron a los grandes tenistas que hoy tiene España. Orantes cerró su brillante carrera con 33 títulos en singles y otros 22 títulos en dobles junto a Juan Gisbert.

~ by Rafael Martel on August 29, 2013.

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