La Mitad de mi Vida

Los muertos viajan con nosotros”
Gabriel Marcel

Como un cristal rompiendo en añicos el hielo
Y transa sus líneas consumidas por el golpe
Siento mis días en cada latido del acero.
Lejos están los triunfos y las derrotas,
Lejos van quedando sonrisas y anhelos.
Me sabe a final la mitad de mi vida,
He cumpido con amigos y enemigos,
Con hijos y las labores
De ser Hombre, entre un mundo
Donde las virtudes han dejado de ser lo que una vez fueron.
Al Cristo he visto con mis ojos:
¿Qué más puede pedir el poeta?
Treinta años después quedan lejos
Triunfos y derrotas.
Su Imagen en mi resplandece
Aún después de pasar por la herida de las rosas,
De la maldad invertebrada,
De la envidia y tantas otras cosas.
He dejado el amor como testigo
Que algo verdadero existe en el hombre
Y por éste he vencido
La violencia que agita hasta el cansancio mis días.
¿Qué más puede un hombre ofrecer
Al mundo sino su Amor en Cristo?
Y hasta Eso resucitan en sus entrañas los demonios,
Refrescando sus odios maldecidos por el fuego.
El mundo no es mundo sin el balance
De la tentación de ser libre a través de la violencia.
Muchos son los Buenos que son víctimas
Más son los que relinchan aún con sus cuerpos
Rodando por el suelo.
He visto la muerte en sus entrañas,
La muerte con llamas en los ojos.
He visto el llanto de robles
Doblarse en palacios de ignorancia.
He visto y visto y examinado tantas sombras
Hasta que el cielo mismo me ha borrado las pestañas.
A la mitad de mi vida,
Un eufemismo final a los ilusos,
No me ha hecho separar los malos de los nobles.
Cada uno se ha hundido en una agua turbia,
Inescapable,
Irreparable,
Como una bala bien intencionada.
“La mitad de tu vida está aquí”, dicen
Los amigos.
“¿Dónde entonces quedaron tus hazañas?”
Me pregunto
En un silencio de fuego y de rabia.
Porque la vida más ha servido
Para dejar trozos de mi historia,
Esparcidos, pateados,
Sangrando tres cuartos de mi existencia
Internado en mis derrotas y victorias.
De mucho estoy agradecido
En esta encrucijada donde ahora descansa el desafuero
De los que han querido arrebatarme mis batallas
Porque no ha habido más que mirar a alguna gente
Para ser el blanco de sus miedos.
He sido amado, reitero
Y odiado por seguir el curso de mi fuerza.
Las dagas me han poblado de sangre,
Jamás de miedo.
La mitad de mi vida me requiere
Continuar la lucha y las sombras,
Sangrando voy por el camino
Abrazando sin temor a la penumbra
De una vida obsequiada por el cielo.
La mitad de mi vida es otro suelo
Donde voy recogiendo las migajas
De una juventud raspando el vuelo
Que ha sido más que un juego de palabras.
Voy con Cristo, Voy,
Limpio de maldades ni de lonjas.
Voy a Tus Brazos Voy
Allí donde no alcanza la palabra.
Si bien te he requerido
Presente has estado en mis andanzas,
Has sido Tú, El Camino, La Voz de La Verdad
Y mi esperanza.
Ahora con cincuenta y cinco años cumplidos
Añoro con Ternura mi llegada.
No hay mitad de vida ni mitad de nada
Sólo existes Tú
Con tu silueta de Luz Resplandeciente.
Al fin de la mitad de mi vida
Todo lo que he logrado
Todas mis victoria y derrotas
Por Ti han Sido Dadas.

Rafael Román Martel 10 20 2013

~ by Rafael Martel on October 20, 2013.

2 Responses to “La Mitad de mi Vida”

  1. Gracias por compartir!

  2. Me ha embargado una serena tristeza, casi disfrutable, que es quizá sentimiento sedimentado de más de la mitad de la vida y de aquella otra vida.

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