Venezuela: estado de angustia

Rafael Román Martel


Hoy miles de estudiantes marchan en Venezuela para protestar en contra de la dictadura de Nicolás Maduro, el títere de La Habana. Protestan pacíficamente contra perdigones, gas lacrimógeno y balas. Al ser atacados tan salvajemente responden con piedras. Piedras contra balas pero ideales democráticos contra corrupción, asesinato y la más sofisticada maldad.

Hoy en Venezuela, La Gran Venezuela, millones de ciudadanos tendrán que hacer largas colas-a la cubana-para comprar alimentos básicos, que son ya racionados. El sueño de “socialismo” de Hugo Chávez es hoy una pesadilla. Otra dictadura comunista radical. Otra Cuba. Otra China en camino a convertirse en una Corea del Norte.

Los estudiantes están claros: ellos saben que están arriesgando sus vidas no sólo por ellos sino por sus hijos y nietos. Luchan por el alma de su patria.

Luchan contra una agresiva corrupción, arraigada en las venas del chavismo-madurismo, dirigida desde La Habana, cuna de la maldad desde 1959. Luchan por derechos intrínsecamente humanos. Luchan por sus compañeros caídos, por las madres que lloran, por los niños que están siendo adoctrinados por una secta criminal.

Mientras que el pueblo pasa necesidades los comunistas, “defensores del proletario” llevan relojes de $26,000 en sus muñecas-como el viejo comunista José Vicente Rangel y el propio Maduro-comen los más exquisitos manjares, visten trajes de $5,000 y mantienen repletas de lujos a sus jóvenes queridas. Compran teléfonos de oro macizo con sus nombres en diamantes, coleccionan zapatos, abrigos de chinchilla, que guardan en sofisticados refrigeradores de Caracas para protegerlos del calor y extravagantes collares de perlas y diamantes y cadenas de oro y platino por miles. La esposa de Maduro, “la primera combatiente”, hace sus compras casi todos los fines de semana en Milán, a donde llega en un avión de 80 millones de dólares. Se desayuna en los más caros restaurantes, rodeadada por una legión de guardaespaldas y otros boli-burgueses que la acompañan a seleccionar los más exquisitos manjares, la excentricidades más costosas en el vestir.

El Château Lafite Rothschild les fascina, caviar “Almas”, de $60,000 el kilo los hace suspirar de placer. Ellos ahora son “los dueños del llano”, del valle, del río, de la pradera, de las montañas y de la gran Caracas. Venezuela es su hacienda como toda Cuba es la finca de la familia Castro.

A nombre del pueblo reducen a éste a esclavo del credo comunista, que dejó muy bien documentadas a 100 millones de víctimas en el siglo XX.

No existe exceso que los dirigentes maduristas aparten de su vida diaria. Sus hijos viajan por todo el mundo en lujosos aviones privados de hasta 100 millones de dólares, disfrutan de las más exóticos y carísimos hoteles de las capitales del universo, se emergen en el alcohol y las drogas, se bañan en playas del lejano Pacífico con lujosos tragos, servidos en plena playa en carísimas copas del más preciado Baccarat. Estos lujos que se dan los hijos, amigos e invitados de los nuevos boli-burhueses jamás pueden ni siquiera ser imaginados por el venezolano que hace ahora cola para comprar un pollo o un rollo de papel sanitario.

Andan por el Mediterráneo en yates “proletarios”, expropiados-léase robados-por sus padres a gente que se los ganó con el sudor de su trabajo.

Estos son los “defensores del pueblo” mientras que atropellan al ciudadano común, ofreciéndole a sus seguidores pequeñas viviendas mal construídas. Hasta los visiblemente retrasados mentales de la dictadura se sacian en la abundancia del poder. Repiten miles de promesas que jamás se cumplirán. Porque los comunistas jamás cumplen sus promesas.

La mentira es el código que los motiva a disfrutar de la vida. La falsedad, la desidia y la infrahumanidad son sus reglas de conducta.

No hay para los comunistas diferencia entre géneros ni piedad ni pizca de perdón y mucho menos justicia. Esto lo han demostrado ampliamente en su sangrienta historia. Por eso en Venezuela está preso hoy Leopoldo López. Por eso tratan de destrozar a la diputada María Corina Machado y ayer pidieron el arresto de la valerosa periodista Nitú Perez-Osuna por manifestar su desacuerdo con la dictadura madurista.

Al mismo tiempo que Leopoldo López y estas valerosas mujeres arriesgan sus vidas por una Venezuela democrática los “mayimbes” comunistas viajan por todo el mundo en aviones privados, y cuando usan vuelos comerciales siempre lo hacen en primera clase, bebiendo los mejores vinos y encariñándose de las más caras prostitutas, discretamente llamadas “escort”.

Llenan de dólares los bancos norteamericanos y suizos, así como bancos en Miami, las Bahamas, Islas Vírgenes hasta bancos españoles y franceses con el fin de asegurar sus fortunas y la de sus hijos con los petro-dólares.

Al crimen y al abuso son adictos. Así de los 25,000 venezolanos que han caído por los últimos 15 años cada año, han reducido a Venezuela al país más peligroso de mundo después de Honduras. Han utilizado el secuestro y el robo para justificar inumerables crímenes políticos. Han cambiado la formula Stalinista-Castrista; en vez enjuiciar sus a sus rivales los asesinan en plena calle, a nombre del socialismo.

Miles de jóvenes estudiantes venezolanos han caído antes las balas de sicarios y paramilitares pagados por el “socialismo bolivariano” por motivos políticos disfrazados de robo o asalto. Estos no se investigan. La impunidad es una ley en Venezuela. No se aplican leyes suficientemente fuertes para hacer un alto a esta masacre de víctimas inocentes en las que han sido asesinadas dos reinas de belleza, conocidas actrices y numerosos periodistas, así como no menos valiosos jóvenes estudiantes que sueñan y luchan por un Venezuela libre.

Han hecho del crimen y la mentira su religión, su código moral, fiel a la tradición comunista. Esta es la realidad del “socialismo del siglo XX”.

Han modificado e interpretado la constitución como un traje a la medida de sus perversos intereses. Han hecho de la televisión y los medios de comunicación un altar pagano a la mentira, con trágicos payasos, bufones de la ignominia, a los que les tiran migajas del hurto en que emplean sus habilidades.

Desde hace unas semanas la periodista Patricia Poleo ha acusado a los colaboracionistas, singularmente a Julio Borges de traidor. Ese extraño personaje nada en peligrosas corrientes, entre el madurismo y la oposición, entre Satanás y sus propios intereses. Borges está jugando a las cartas con el diablo.

Dentro de las filas de opositores está la contra-inteligencia, dirigida por los comunistas cubanos, expertos en esta materia, que han introducido a más de cien mil operativos en Venezuela con el fin de asegurar las garras del castrismo en un país rico en recursos.

Para Cuba comunista esta es una guerra necesaria porque el gobierno del títere Maduro mantiene la cruel dictadura cubana, cuya economía está en el suelo.

Nadie puede predecir el futuro de Venezuela. Este depende hoy de los que luchan en la calle. Depende de lo que puedan aguantar la violación de su soberanía, de las fuerzas armadas venezolanas, de las armas que puedan llegar a manos de los estudiantes, de la mayor parte del pueblo que resiste un comunismo total.

Lo que queda claro es el valor de los jóvenes estudiantes, de líderes como María Corina Machado y Leopoldo López, así como también en la jugarreta politiquera de Henrique Capriles y la traición de Julio Borges.

Lo que está muy claro para la Gente Más Inteligente del Mundo es que esta olla a presión no tardará mucho en explotar, y sin presión exterior, explotará por su propio peso.

~ by Rafael Martel on April 12, 2014.

2 Responses to “Venezuela: estado de angustia”

  1. Es todo un editorial. Magnífico.

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