Venezuela: entre la encrucijada y la muerte

Rafael Román Martel

Algo anda mal en el mundo, mucho peor va peor al final del mundo: la una vez prometedora y creciente Iberoamérica. Y es que en los últimos 15 años, una de sus más importantes naciones; la que una vez fuera La Gran Venezuela ha caído en una enfermedad política, social y económica de posibles resultados irreversibles. Como se dice en las calles de las democracias y en las propias calles del territorio afectado: “es como si el demonio mismo se hubiese apoderado del país”, dejando al pueblo en manos de gente tan cínica y cruel que jamás se había visto algo parecido en la historia de Venezuela.

Es una réplica del sistema-ahora le llaman “modelo”-cubano. En esta ocasión tal parece que hasta las reglas de la naturaleza se han roto: el pez chiquito se comió al grande. El régimen cubano ha invadido, sin una sola bala, apoderándose de la patria de Bolívar, colmándola de sus agentes con el fin de chuparle hasta la última gota de sangre.

Venezuela nada en un peligroso océano: los boletos de viajar por avión subieron hasta un 400%. Las líneas aéreas salen literalmente volando de las garras de la dictadura. La inflación roza el 60%. La economía es una palabra deteriorada por las políticas oficialistas y a punto de colapsar. El poder judicial ha sido reducido bajo estado de coma por más de una década o de grotesca comedia que ha cobrado miles de víctimas, incluyendo a influyentes y ejemplares demócratas venezolanos. Y el abuso de poder no merma ni ante las más elementales violaciones a los derechos humanos. Tal es el caso de Iván Simonovis, quien se ha declarado en huelga de hambre el 27 de mayo del 2014, después de pasar años, injustamente, por las tortuosas mazmorras del comunismo venezolano y sus esbirros cubanos, expertos en la sádica tortura comunista.

Las colas inundan el país para comprar harina y aceite, pan, pollo, cualquier cosa para “resolver”: el verbo nacional cubano. No hay papel “Tollet”-creo que así le llaman al papel sanitario. Y si usted tiene la suerte de comprar algo tiene gran posibilidad de que le suceda como a Andrea Vilchez que la golpearon salvajemente a la entrada del Metro Chacaíto en Caracas después que pudo conseguir 2 kilos de leche tras una larga cola. La última moda de los delincuentes venezolanos es vigilar a las personas que soportan largas horas de colas y una vez que adquieren sus escasos artículos, los golpean, los ultrajan y hasta los asesinan para quitarle, quizá unos rollos de papel sanitario. ¿Y la policía? Bien, gracias y usted? La impunidad reina mucho más sólida que la dictadura comunista del pintoresco Nicolás Maduro.

En sólo un año Maduro ha logrado una serie de paquetes especiales de mentiras sociales que pueden impresionar a cualquier neófito del socialismo.

Al pueblo venezolano ya se le ha agotado la paciencia, aún hasta los que se saciaban con las migajas que el sistema le arroja a los más pobres, ignorantes y vagos desde su inmaculada cúpula. Siquiatras como el multimillonario Jorge Rodríguez y otros magos del control social han dedicado largas horas en convencer al pueblo de que la miseria y la esclavitud son el mejor futuro de Venezuela. No para ellos, desde luego.

Si usted ve y escucha todo lo que impulsa con la boca el dictador desde su programa semanal “En contacto con Maduro”, un programa de variedades con un libreto redactado en La Habana, quedaría impresionado con tanto desarrollo. Todo es mentira. O por lo menos casi todo. Las mentiras que no dice Maduro se ocupan otros facinerosos en VTV de divulgar a toda hora. La gran mentira es la que ocultan.

La única verdad es que el circo mediático está adornado de un catálogo de amenazas como jamás se ha visto en un país latinoamericano en las últimas décadas. Amenazas respaldadas por una violencia que ha reducido a la población venezolana al miedo, a la paranoia y a la costumbre de ver el asesinato, la corrupción y la crueldad como modos de vida cotidiana. Todo ante el bonche y la burla de los comunistas mediáticos, que desde su canal de televisión no se cansan de mofarse de cualquiera que proponga atreverse a pensar y expresarse críticamente hacia el gorilato.

Se alegran irónicamente hasta de la muerte de la víctimas de la dictadura y sus familiares, algo nunca visto en ninguna de las naciones del continente.

El gorilato ve enemigos hasta en la sopa. Trata de unificar a los socialistas usando montajes mediáticos como el que presentaron el 28 de mayo de 2014, donde evidenciaron “pruebas”, léase especulaciones, en la cuales intentan desviar de la atención nacional la terrible situación a la que el PSUV ha llevado al país. Acusaron a la líder demócrata María Corina Machado, a Diego Arria y a otros opositores de planear el asesinato del dictador. Otra mentira. Todo lo que hablan es una antítesis de la realidad. Van del amor al magnicidio, palabra favorita de los chavistas-maduristas, con una facilidad delirante.

El Departamento de Estado califica estas acusaciones de falsas, con una contundencia en pleno desarrollo.

“Todas y cada una de estas palabras son pre-fabricadas. Nadie les cree”, contestó las acusaciones Corina Machado el mismo día en que se le acusó de una trama para asesinar a Nicolás Maduro. Otro ridículo montaje. Explicó a todo detalle como el G-2 cubano controla las comunicaciones en Venezuela e incrimina no a ella, sino al mismo régimen que ahora la acusa como a los otros “conspiradores”. Y es que es necesario para la dictadura aniquilar a María Corina Machado, una mujer ejemplar que ha ido por el mundo esclareciendo las ínfulas del régimen títere de La Habana sin pelos en la lengua. Es necesario sacar del escenario a Diego Arria, un hombre de gran capacidad intelectual y humana, capaz de influenciar a su pueblo. La dictadura del incapaz y sus amos no aceptan voces demócratas como las de Machado y Arria, sobre todo ahora cuando se encuentra en crisis.

La dictadura se encuentra en estado de desespero.

Todo lo resumen en conspiraciones que inventan con el pragmático fin de apresar u obligar a exiliarse a sus víctimas. La radicalización de la “revolución bolivariana” es el comienzo del régimen del terror, impuesto por los más siniestros boliburgueses, cuyo idealismo se concreta en las inmensas fortunas que han acumulado y malamente escondido a través del planeta. Los excesos económicos de sus hijos y los de ellos mismos son ampliamente conocidos por el Departamento de Estado, por toda la inteligencia global y por los ciudadanos del mundo a través del periodismo libre que lleva ya años desenmascarándolos.

Mientras los hijos de los boliburgueses se gastan hasta $40,000 dólares en botellas de Dom Perignon el país no tiene agua. El pueblo no tiene medicinas. En la mayor reserva de petróleo del universo también escasea la electricidad, la comida, los bíberes y sobre todo, la libertad de expresión.

Una vez más repiten un libreto escrito por los cubanos comunistas, mucho más interesados en mantener la colonia, por razones tan pragmáticas como las de los magnates del PSUV, porque la motivación es similar: el poder a toda costa, el atropello de todo un pueblo para mantener sus intereses y su desmedida ambición. Ambos son legítimos herederos de las políticas de Joseph Stalin, quien asesinó a 25 millones de seres humanos a nombre de comunismo, sombrilla de su incalculable maldad.

Arremeterán con todo, con toda mentira, con toda maldad para saciar su fin, que “justifica-Todos-los medios”. Su fin es mantener sus privilegios a toda costa, si esto implica el genocidio de millones de estudiantes no les importa. Si esto implica la miseria total de su propio pueblo, esto no importa. Si esto significa la tortura, el llanto, la eliminación de millones de seres humanos y el lamento de sus madres, esto tampoco vale nada. Siempre y cuando los corruptos líderes del comunismo mantengan su hegemonía absolutista como los emperadores y reyes de antaño mantuvieron sobre sus pueblos por encima del valor de la vida humana. No son estos líderes bolivarianos redentores ni abogados de la paz: son un renacimiento del más crudo latifundismo que ha azotado a Latino América.

Cada día aprietan más el tornillo, ante el silencio y la complicidad de la mayor parte de la naciones de Iberoamérica y del mundo, que apoyan ignominiosamente su silencio con la falsa premisa que el pueblo ha elegido su destino, sin contemplar la irrevocable posibilidad que las elecciones, de las que tanto proclama la dictadura ser las más imparciales del universo, han sido un fraude calculado desde La Habana por los verdaderos dueños de Venezuela: la familia Castro.

Todo indica que, habiendo radicalizado la “revolución”, Nicolás Maduro ha definido su propio destino y el de su país: o las fuerzas armadas y el pueblo unidos toman las riendas de Venezuela o ésta se hunde en el más hondo de los abismos por los próximos cien años.

~ by Rafael Martel on May 28, 2014.

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