Venezuela 101 y El Buen Menelio

Rafael Román Martel

Jamás he estado en Venezuela. Desde niño supe de ésta por un maravilloso escrito de José Martí “Tres heroes”, cuyo inicio es inolvidable: ‘Cuentan que un viajero llegó un día a Caracas al anochecer, y sin sacudirse el polvo del camino, no preguntó donde se comía ni se dormía, sino cómo se iba a donde estaba la estatua de Bolívar.’

Recuerdo a un buen hombre llamado Menelio, quien vivió en España un par de años-del 70 al 72-más o menos. Había podido huir del comunismo castrista-como todos nosotros-y a menudo repetía “Me voy a vivir a Venezuela que es un país democrático,muy bello, y parecido a Cuba en su clima, alegría y su gente.”

Y cerrando 1972 para allá se fue Menelio.

Seguramente Menelio preguntó a dónde estaba la estatua de Bolívar cuando arribó a Caracas. En 1972 Simón Bolívar era un ícono de la la libertad. Su imagen no sería tergiversada hasta la llegada al poder del primer gorila.

Yo era apenas un chiquillo y Menelio era muy amigo de mi familia. Era un hombre noble, digno.

Jamás olvidaré el día que regresó a nuestro piso en Francisco Villaespesa # 1 en el metro Quintana, después de intentar cambiar el cheque de $150 que le habían envíado de Estados Unidos.

Por entonces $150 era una pequeña fortuna en la España franquista; unas 6,000 pesetas.

Se sentó en la sala y nos contó desconsolado como lo habían cartereado en el metro entre Banco de España y Callao. Ese día, a mis escasos 12 años aprendí una lección para toda la vida: jamás llevé la billetera en el bolsillo trasero. Se la habían hurtado en medio de una melé organizada por los carteristas en la cual él sintió como le sacaron la cartera pero nada pudo hacer en el tumulto de gente que lo estrujaron, de manera tal que no le fue posible bajar ni un brazo para evitar el robo. Menelio no gritó. Ni siquiera se quejó. Además de tener habilidad los delincuentes tuvieron suerte ese día: el buen Menelio era una presa fácil. Un hombre noble.

Mis padres quedaron perplejos ante su relato. Seguramente lo ayudaron con algunas pesetas para cubrir sus gastos, así como otros amigos aunque los que vivimos en España durante aquellos años sobrevivíamos con el dinero que nos enviaban nuestros familiares desde Los Estados Unidos. En aquel entonces existía cierta solidaridad entre los cubanos. Eran tiempos difíciles. Eramos pobres pero muy felices de haber escapado de las garras del comunismo.

Estábamos unidos más por el ideal de la libertad que por la ambición del materialismo.

Eran tiempos distintos y definitivamente únicos para aquella generación de cubanos.

La mayoría pertenecíamos a esa casi extinguida raza de exiliados políticos.

En la España del Generalísimo, tan difamado por los vencidos, los buenos modales y hasta cierta humanidad y respeto por la vida formaban parte de una ley no escrita, que abarcaba hasta a los ladrones de billeteras que acechaban a sus víctimas en el metro. Se imponía la ética hasta en los “malandros” de calle.

Luego, en 1974, regresarían los comunistas abriéndose paso a bombazos: terrorismo puro. Y la España de los 70 quedaría marcada en sangre y sed de venganza. Ya no por una cruel guerra civil, sino por bandas terroristas de izquierda radical. Y sin ni siquiera controlar el poder los comunistas, que como siempre lo ansían a través del universo desde 1917 hasta nuestros días, continúan con su afán de separar y destruir a España a costa de, si es necesario, millones de vidas. Esto se ha demostrado a través de la historia por más de un siglo y está estrictamente documentado.

Menelio siguió con su matraquilla de irse a Venezuela. ¿Quién hubiese imaginado entonces que en Venezuela vendrían los días en que te pegan un tiro antes de robarte una billetera, un móvil, o un par de zapatos? No importa qué vayan a robarte; el tiro no te lo quita nadie.

¿Quién hubiese pronosticado que en uno de los países más ricos en recursos naturales del mundo el pueblo carecería de los más elementales artículos como la leche o el papel sanitario?

Sólo Fidel hubiese predicho tal miseria, siendo él el maestro de la escasez, el padre de la miseria.

En 1972 todavía la inocencia era una palabra vigente y hasta el respeto por la vida alcanzaba al código del hampa.

Con su maleta de noblezas se fue a Venezuela el buen Menelio. Jamás supimos detalles de su vida, excepto alguna que otra escasa carta que nos envió narrando brevemente lo bien que estaba en ese hermoso país.

Había encontrado un lugar donde la imposibilidad del comunismo era una realidad (relativa). En Caracas Fidel Castro no tenía ninguna oportunidad de filtrar su epidemia de muerte y de odio.

Se equivocó Menelio.

Siendo un hombre emprendedor, seguramente se afincó y prosperó en La Gran Venezuela.

Hechó raíces a pesar de sus casi cincuenta años. Allí, supongo, vivió los últimos años de su vida, a no ser que hubiese huído hacia Miami olfateando el chavismo en el inicio de los 90.

Jamás supimos de él, reitero, pero estoy seguro que murió en Venezuela. Si es así se tuvo que haber arrepentido mil veces de buscar asilo en el país donde el Realismo Mágico del Boom más marquesco y La Raza Cósmica de Vasconcelos se materializó.

Cuando Hugo Chávez comenzó su cruzada de odio, como muchos anticomunistas, me interesé por Venezuela. Comencé a leer sobre su historia, su exotica geografía, el calor de su gente.

Entonces arreció la plaga: llegó Fidel y su familia.

Paso a paso se apoderó Fidel, Raúl y La Familia de Venezuela hasta llevarla a nuestros días; una colonia cubana. Y si continúa en ese rumbo llevará a los venezolanos a la era pre-colonial, así como ha llevado a Cuba a la de los Taínos.

Chávez exacerbó el lenguaje más grotesco de Andrés Bello y junto a éste la violencia sin precedentes entre los venezolanos. Armó hasta los dientes a los sectores más pobres, más resentidos y vagos, repletos de inquina de la sociedad venezolana.

Asesorado por Fidel desató la violencia y la mentira como armas revolucionarias contra todos los que habían levantado y contribuían a edificar el país.

Los pobres, los miserables y los criminales vieron en él un redentor, un Cristo en carne. Lo han elevado en Padres Nuestros, lo han hecho parte del sincretismo caribeño, de la idolatría de los que desvían sus ojos de Dios.

Así seguí los acontecimientos de La Gran Venezuela, con sus héroes, sus hermosísimas mujeres, su dote de milagros, su extensa y grandiosa geografía, su estirpe bolivariana que se personifica en hombres como Leopoldo López y mujeres como María Corina Machado.

Mirando atrás, mucho he escrito sobre este país desde que pude divisar, como muchos de ustedes, la influencia y ahora el total control de los comunistas cubanos.

Hace siete años, casi ocho, predecí-sin ninguna magia ni mucho menos pretendiendo ser un “pitosino”- que a Venezuela le aguardaba el destino Tormentas y Sangre.

El país ha quedado a merced del odio. Y tras la muerte de Chávez se ha acentuado la maldad, la corrupción y la violencia como culturas nacionales, como reflejo de la mezquindad de Fidel Castro y su multimillonaria y genocida familia.

Aquella Venezuela a la que huyó Menelio, seguro de que el comunismo jamás llegaría allí, se ha convertido en un país en guerra civil de baja intensidad, con más de 200,000 asesinados en quince años.

El incapaz, el inepto heredero de Chávez la llevará a la ruina total sino ocurre un milagro. Y en comunismo ocurren pocos milagros.

Con la llegada de Maduro al poder es como si el país tuviera que pagar por todos los pecados de América del Sur, antes y después del descubrimiento.

Venezuela está al borde de una guerra civil, a la que llamaba el simple y aburrido Ernest Hemingway una epidemia.

Venezuela ha caído en el abismo.

De una manera u otra tardará otro siglo en enderesarse porque porque el desorden y el caos son la primera regla del comunismo a largo plazo y con los más monstruosos intereses. Mucho más atroces que el materialismo más crudo. El Gran País ha caído en desgracia. El asesinato, el sicariato, la extorsión, el secuestro y el escarnio reinan. La impunidad y la rampante corrupción son la ley.

Los más grotescos, odiosos y caricaturescos personajes representan al comunismo en la asamblea nacional.

Venezuela es un país poseído por el odio y sus violencias.

En la Venezuela de hoy el demonio camina y hace de las suyas libre e impunemente.

Sólo otra epidemia, como una guerra civil, podrá curar a la nación de Bolívar de los males que hoy la afectan.

¿Cuántos Menelios habrán sido víctimas, no de un cartereo en la España franquista sino de un asalto del comunismo: una enfermedad más letal que el ébola o que las hordas islámicas que azotan a Afganistán y a Siria?

¿Sino la Mano de Dios, quién sanará a Venezuela?


Una cola en Venezuela, Octubre del 2014, para comprar leche en polvo y arina.

~ by Rafael Martel on October 13, 2014.

2 Responses to “Venezuela 101 y El Buen Menelio”

  1. Good writing!

  2. Gracias!

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