Maduro “EL Ilegítimo” y la hora cero

Rafael Román Martel

Se robaron las elecciones el 14-A y no hay manera que den marcha atrás. Los comunistas, como todo mal nacido, la única forma que dan marcha atrás es con plomo, con candela, con violencia, que es el único lenguaje que ellos utilizan contra los pueblos.

Nicolás Maduro habla constantemente de amor con una pistola en el alma y por tres veces que dice amor diez veces repite odio. Habla de diálogo pero el único diálogo que entiende es el que se revuelca en la sangre de la palabra odio. Y ese odio ha contagiado a la mitad de Venezuela. Todos los “socialistas” repiten el mismo lema, las mismas mentiras, los mismos insultos a todo el que piense en democracia.

Un numeroso grupo de intelectuales le hacen el juego. Son los mismos de siempre. Los vagos que han vivido del poema y la guitarrita desde que esta desgracia llamada comunismo sembró sus furias al principio del siglo XX. El 24 de abril Maduro, mundialmente conocido como “El Ilegítimo”, se reunió con éstos. Y hablaron. Hablaron. Bellas palabras de unidad latinoamericana-término abstracto. Trasnochadas frases y sueños de cómo avanza el socialismo, que en sus mentes ha resusitado después de 1989. Van a publicar libros, van a alimentar las jóvenes mentes con el veneno en sus corazones. Como diría el filósofo norteamericano Don King: “They have larceny in their hearts”.

Uno de los más venenosos “combatientes” del Partido Comunista es el psiquiatra Jorge Rodríguez, quien desata detrás de su retórica una violencia irracional, clínica, capaz de ser analizada por Freud. Las barbaridades que dice este sujeto, serían descartadas por los más competentes estudiosos de la mente humana sino que toman en cuenta que ha sido infectado por el comunismo: enfermedad mental incurable.

Es a este ser al que acuden los comunistas venezolanos para justificar y lanzar su lógica, su diatriba de violencia y extremismo.

Y es que el que el extremismo virado al revés es la matriz de la dialéctica materialista. Su magia es sembrar el odio en los incautos, en los más ignorantes, en los más vulnerables de Nuestra América.

Nada mejor para la mitad de Venezuela para explicar los razonamientos de un enorme crimen que un psiquiatra obsesionado por el poder y los privilegios del culto.

Los comunistas venezolanos están enfermos de odio.

El crimen es el corazón de su rabia, de su incontrolable obsesión por esclavizar al pueblo.

Toripollo es sólo un instrumento, las cuerdas que lo manejan a su antojo cuelgan de La Habana.

El psicólogo Rodríguez en sólo un portavoz del odio en que el partido ensalza su violencia.

Maduro es el perfecto idiota para sus experimentados jefes de La Habana: los mariscales de la esclavitud, del desastre. Los reyes de la miseria.

Ellos siempre son los buenos. Ayer una mujer socialista, creo que es ministra de represión o algo así, dijo que ya tiene preparada una celda para Henrique Capriles.

El odio a Capriles está de moda. Es como la camiseta del Ché: la mayoría que la lleva no tiene ni pista de su significado. Es odiar por odiar. Odiar por joder.

Después de las elecciones de 14-A la política institucional ha sido amedrentar, golpear y someter a los que han demostrado su inconformidad con el robo de las elecciones. Maltratar a todo los que no estén de acuerdo con la imposición madurista. Capriles es el que ha causado toda esta reacción fascista. Capriles tiene un tiro al blanco en su nombre. Lo que los oligarcas de La Habana estan tratando de decifrar es cómo se le pone el cascabel al gato sin una reacción nacional o internacional que los obligue a sacar los tanques de guerra a las calles y masacrar a miles de venezolanos.

Y es que Capriles ha osado enfrentarse a los comunistas. Es más los reta. Les ha dado un ultimátum. ¿Quién es este tipo? ¿Quién se cree que és? Preguntan en televisión los comisarios de propaganda del partido. ¿Cómo se atreve este tipo a enfrentarse al Hijo De Chávez? ¿Cómo se ha atrevido a cometer tal sacrilegio contra el Divino Partido? Los comunistas y sus ovejas no entienden. Y la reacción es típica: es que es necesario quemarlo vivo, hacerlo añicos. Es necesario erradicar su existencia. Y lo van a lograr de una u otra forma si los venezolanos no se tiran a las calles no ya para defender la vida de su líder, sino el futuro de sus hijos y nietos porque el comunismo tiene 14 años de raíces en Venezuela y está firmemente sembrado por los hermanos Castro, esa familia oligarca que ha reducido al pueblo cubano a la más paupérrima miseria, sobre todo ética y humana.

En Venezuela se ha arraigado el asesinato, el robo, el crimen a niveles jamás pensados cuando las malvadas transnacionales y aquellos dictadores como CAP eran los dueños del valle. Esta ola de crimen no la van a parar los comunistas. Ellos son los que vuelven la cara y le echan leña a un fuego al que son adictos, porque la violencia para aterrorizar y confundir a las masas es una de sus más barnizadas especialidades.

No tengo idea qué va a hacer Henrique Capriles hoy. Tiene a siete millones de venezolanos que votaron por él pero también tiene un buen grupo de demócratas que lo han estado criticando en la prensa por ser muy flojo. No he visto a ninguno de sus críticos correr los riesgos que él ha enfrentado y enfrenta en estos momentos. Estoy seguro por lo que he leído en algunos sectores de la prensa anti chavista que esta gente que tan duro critica a Capriles ha de estar haciendo preparativos para alzarse en la montañas o de una vez y por todas tomar el palacio de Miraflores.

Los comunistas están descalificando a todo los que ellos sospechan de estar “en contra de la revolución” y botando de sus trabajos a los que “sospechan” de haber votado por Capriles el 14-A. Esto es una política de estado. Hasta hoy existen más de cuatro mil denuncias de estos despidos, de estas injusticias. El pueblo trabajador es víctima de la maldad comunista. Esto es viejo, las primeras víctimas de los bolcheviques fueron los campesinos y la clase trabajadora, a la cual los agentes de Stalin calificaban como “perros que debían ser ejecutados”. Y es que el patrón comunista es el odio total en contra a todo el que se atreva a confrontarlos, ni siquiera con un pensamiento. Ni siquiera con un voto. Y mucho menos si golpeas una caserola. Para estas víctimas Capriles y los valientes diputados que lo apoyan son la única salida a una esclavitud que llevará a sus hijos y nietos a la monstruosa realidad comunista.

Esta “radicalización de la revolución” en Venezuela, un país con gente buena, no es nada novedosa ni tiene una solución fácil. Pregúntele a los rusos, a los rumanos, a los alemanes y a todo el oriente de Europa, que después de 74 años se tuvieron lanzar a las calles con sus hijos en brazos arriesgando sus vidas para alcanzar liberarse de la ideología más diabólica que haya experimentado la humanidad.

Henrique Capriles se ha tornado en la horma del zapato comunista venezolano. El legítimo presidente de Venezuela declaró que no le importa que lo metan preso. Capriles se ha comprometido con el pueblo venezolano. Sus convicciones democráticas no pueden ser dudadas. Su única y fácil salida sería abandonar el país, también sería la más inteligente pero Capriles, hasta el momento no da señales de irse de Venezuela. El sabe que es la única esperanza del futuro. Haga lo que haga siempre tendrá el respeto de los venezolanos a quienes les faltó el valor de ponerse en sus zapatos.

Desde que el pueblo venezolano votó por Chávez en aquellas elecciones del 2007, cuando un cura había pronosticado que si ganaba el comunista lo único que había que hacer era recoger las maletas toda la vida de los venezolanos comenzó a cambiar radicalmente. Más de dos millones ha emigrado. La “revolución” dio inicio a las expropiaciones-léase robo-como se lo dijo la diputada María Corina Machado al presidente Chávez en una memorable ocasión.

La muerte del presidente puede que dé al trasto con su imagen, porque los comunistas manipulan a sus “ídolos” hasta que les conviene. Un claro ejemplo es cuando el Carnicero de Ucrania, Nikita Khrushchev denunció los crímenes de Stalin después que el mismo Khrushchev había asesinado a más de 5 millones de Ucranianos bajo las órdenes de Stalin y la mayor parte de su vida fue su bufón.

Chávez será reemplazado paulatinamente por la imagen de Maduro hasta que pase a ser una reliquia del desastre venezolano.

Lo que jamás cambiará es la descontrolada ambición de poder que no reparará en ningún crimen para alimentar a la casta política venezolana que el 14 de abril se robó a mano armada las elecciones para seguir robándole la libertad, la comida y todo lo que puedan arrancarle de las manos al pueblo, al que utilizan como estandarte para justificar sus crímenes.

Mientras tanto a Maduro le halan las cuerdas desde La Habana. Y él fielmente sigue las instrucciones. La revolución ya está radicalizada. Lo que queda es córtale la cabeza a los “gusanos”, a los “enemigos de la humanidad”.

Algo es seguro, la retórica ha llegado al punto, la violencia ha alcanzado un nivel tan alarmante que los que estamos estudiando esta situación desde los brazos opresivos del imperio rezamos porque los venezolanos, ni de un lado ni otro, dejen de hablarse, dejen de dialogar de alguna manera antes que ocurra una catástrofe. La historia nos ha enseñado una y otra vez que cuando dos bandos de un pueblo dejan de hablar comienza la epidemia, como la llamó Ernest Hemingway a la guerra civil.

Exacerbando este temor de los que amamos la libertad y la paz el pitonisa de Maduro advierte: “más temprano que tarde” la revolución bolivariana arribará a Los Estados Unidos y acabará con el imperio.

Buena suerte camarada.


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