“No Habrá manera…” Primer Premio “José Martí”, 1986, Jersey City State College


En el Salón Gótico del entonces Jersey City State College en abril de 1986, en el anuncio de ganadores del concurso literario “José Martí”. De izquierda a derecha el inolvidable Dr. Galo Vaca Acevedo, quien nos enseño con singular pasión e intelecto El Quijote de Cervantes, el Dr. Antonio Acosta, poeta y educador por 25 años en la legendaria Emerson High School de Union City, Rafael Martel, ganador del concurso, la Dra. Onilda Jiménez, nuestra entrañable profesora de literatura, un personaje desconocido que se coló en la foto, y junto a éste los poetas Noel Jardines y Elvis Pérez. Noel Jardines sería el primer ganador del premio nacional “Letras de Oro” en la categoría universitaria en 1987 y Elvis Pérez se graduó de ingeniería un par de años más tarde.

No habrá manera…

“Tengo más, tengo un amigo”
José Martí

No habrá manera de romper el Tiempo
y la vida será un cordón antiguo,
impulsado por los años
y los sótanos,
arrinconados en nuestra mente.
Hallaremos el decisivo contacto de la estrella,
quizá el ladrillo del camino
recostándose en el puerto
de aquella playa de piedras,
en un murmullo,
como un premonitorio acento muerto
en el rugir del alma
o en el pincel de nuestro pueblo.
Feroces fueron los días;
hambre y opresión y odio,
amigo,
todo combinado en el mismo lugarejo,
definitivo callejón de la cuerda levadiza,
columpio de sueños,
donde el negro color rojo fue un engaño
y la sangre anónima corría por la alcantarilla más cercana,
estoy seguro.
Nosotros con un año de vista.
Un año de cáncer y muerte
y las pestañas cerradas
en aquella magma hirviente.
Sí, un año.
Hombres somos en el fuego de tierra extraña,
de inextrincables leyes,
de costumbres que caen en nuestras palmas.
También la amistad en un hierro,
algún acero enflorado,
cornijal de agonía,
compromiso inalterable:
ese tamo de plomo en la vena.

Rafael Román Martel

De “Cuando se acaban los pueblos” @Copyright Rafael Román Martel (1992)

Este poema me dio el primer premio en poesía en un concurso organizado por Jersey City State College (Hoy New Jersey City University) en abril de 1986. Ha llovido mucho desde entonces. Mi gran amigo, Angel Rafael Alvarez, nacido en mi pueblo y con quien recorrí las calles de Madrid en nuestra temprana juventud murió ya hace algunos años. Desde muy joven formó parte del ejército norteamericano. Participó en la intervención norteamericana en Granada en 1983 y tuvo participación en La Guerra del Golfo en 1990. Era un hombre excepcional, buen amigo, buen hermano, buen hijo. La muerte lo sorprendió en una de las mejores etapas de su vida. Se había retirado del ejército y trabajaba para La Seguridad Nacional de Estados Unidos. Fue padrino de mi boda y padrino de mi hija. Durante los últimos años no hubo mucha comunicación entre nosotros pero nuestra sincera amistad vivirá para siempre en el espíritu de este poema y en el co de aquellas calles del Madrid franquista, que caminamos incansablemente como hermanos.

Rafael Alvarez y yo en el barrio de Vallecas, Madrid (circa 1972). Teníamos 13 años de edad. En los tres años que pasamos allí nos llegamos a aprender las calles de esta ciudad como si hubiésemos nacido en ésta, y nos llevamos un gran recuerdo de aquellos años en la madre patria.

Angel Rafael Alvarez

Tengo montones de anécdotas que podría contar de Rafael, quien siempre admiré como a un hermano mayor aunque había nacido 20 días antes que yo. Desde sus escasos 12 años era un tipo temerario, verdaderamente temerario. Gustaba de cruzar las más transitadas de Madrid con la luz verde para los vehículos. Desafiaba a jóvenes mucho mayor que él a pelear. La pelea a puños en aquel entonces era su fiesta. Sus padres eran gente maravillosa, generosa, directa y profundamente humana. Su hermano, Ricardo, nació con una ligera alteración nerviosa y Rafael lo apoyaba y defendía como si fuera su hijo. Ricardo era muy alterado y Rafael, a sus escasos 12 años lo cuidaba y protegía com un amor que sólo la sangre une. Sus padres, el viejo Alvarez y Gallega eran personas buenas a quienes gustaba de invitarme a comer a su apartamento de Vallecas “Pollo al Ajillo”. Todavía recuerdo al viejo Alvarez repetir “a mi me gusta invitar a comer a Martelito-así me llamaron siempre-porque come con muchas ganas. Sería el hambre que traía de Cuba pero su hospitalidad jamás la olvidaré. Me trataron como a uno de sus hijos en España y después en Miami. Los dos fallecieron algún tiempo después de arribar a este país. Siempre estarán en mi corazón como gente auténtica y buena que fueron.

Rafael se inscribió en una escuela de Karate al llegar a este país. A los 16 años era cinta negra. Sus nudillos, cuidadosamente trabajados en láminas de hierro, eran casi insensibles al dolor. Un día me llamó y me dijo que ingresaría al ejército norteamericano. En el US Army se destacó y logró el grado de teniente. Su especialidad era el tiro con armas cortas; pistolas y revólveres. Era un experto en desalmar un arma corta en cuestión de segundos, limpiarla en minutos y montarla al gusto de gatillo de su dueño. Con esta habilidad llegó a ser Drill Sergeant del US Army en South Carolina.

In 1986 he stayed at our apartment in North Bergen with his girlfriend Mayra. He would marry her and have a daughter with Mayra. His issues with past wars-the intervention of Granada and the Gulf War-drew them apart in the early 90’s. They divorced. His parents died. He drew apart from my literary tendencies which-being of an strictly military mindset made him hard to understand. The more I read, the more I wrote, the more we grew apart in our friendship. The brotherhood was still there with decreasing understanding.

Rafael would find a wonderful woman, Anita, who gave him another daughter. He had left the Army in the 90’s and was focus on raising a family. During the early 90’s they visited us and stayed with us in New Jersey.

Because of his shooting skills and background he landed a job at Miami Airport under the newly formed National Security department. Then he fell ill and died of bone cancer. Just like that, he was taken away from us like a thunderbolt.

He was a good man. May God keep him in Heaven.

Our friendship inspired me to write the poem in which I won my first literary prize long before I lost my friend.


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